
No sé si algunos de vosotros recordareis la película de la que hablo en el título de éste artículo, “Pleasantville”. La protagonizaban Tobey Maguire (“Spiderman”) y Reese Whiterspoon (“Una rubia muy legal”) y tenía lugar en un pueblo idílico y semi-rural del interior de Estados Unidos en donde todo era prácticamente perfecto. Las casas eran preciosas, los macizos de flores de los jardines lucían siempre perfectos, la gente era alegre y hospitalaria y por lo general se respiraba una paz fuera de lo común.
Pues bien, a unos 80 km al suroeste de Dublín se encuentra Carlow (en gaélico Ceatharlach “Ciudad en el Lago”) , un pueblecito que se está convirtiendo más bien en una ciudad pequeña, pero cuyo espíritu y apariencia no dista demasiado de esa ficticia localidad americana de la que os hablaba. Si bien es verdad que en esa zona, el sudeste de Irlanda, los pueblecitos con encanto son ciertamente abundantes, éste es uno de los que “se llevan la palma”.
Es la capital del condado que lleva el mismo nombre, plagado de sinuosos valles y multitud de ríos que son auténticos protagonistas en la vida de las gentes de la región. En Carlow el principal es el río Barrow. Algunos tramos son navegables, y surcarlos se convierte en todo un estallido de placer para los sentidos. Estos valles ejemplifican a la perfección la Irlanda verde, rural, pero eso sí, algo menos húmeda que en las regiones situadas más al norte y un poco más soleada.

En el pueblo de Carlow, el aire campestre se mezcla con un cierto toque urbano dado por algunos pequeños centros comerciales y otros elementos que conviven en un muy buen equilibrio. Las casitas de ensueño bordean el río y se distribuyen por pequeñas callejuelas a lo largo y ancho de una planicie rodeada de naturaleza en sus fronteras. Muchas de sus calles conservan el antiguo empedrado, oscuro y no siempre uniforme y se mantienen algunos de los comercios más tradicionales, así cómo los imprescindibles pubs.
Hablando de este tipo de locales, hay que hacer especial mención al “Dinn Rí”, una especie de “megapub” temático dentro de un precioso edificio de piedra, que cuenta con 5 salas diferentes: el “Dinn Rí Bar”, dónde encontramos el típico ambiente de pub con miles de tipos de cerveza y pantallas gigantes televisando deportes o haciendo Karaoke; el “Brooks Café Bar & Restaurant”, que de día es una elegante cafetería con gran variedad de tes, cafés y aperitivos y de noche un no menos refinado “Bistrot” (entendiendo como noche entre 18 y 21.45 horas, recordad que en el resto de Europa todo suele hacerse así de pronto); “The Foundry nightclub”, una discoteca dónde lo que más suena es radiofórmula comercial, abierta las noches de los jueves, viernes, sábados y domingos; “The tower live” una sala multifunción en la que tienen lugar eventos especiales y fiestas privadas, siempre con música en directo; y por último “Cedar Square” una estupenda terraza ajardinada acondicionada para comer y beber “al fresco”. A todo esto hemos de sumarle el “Dinn Rí Hotel”, un fantástico y acogedor alojamiento anexo a las salas de ocio.
¿Suena bien, verdad? Lo cierto es que vivirlo desde dentro es toda una experiencia, os lo aseguro. Otros lugares de interés del “pueblo-ciudad”, quizás más serios pero también recomendables son el Carlow Castle ( o lo que queda de él) situado a orillas del río Barrow, el curioso Carlow Court House (palacio de justicia), de clara inspiración griega o el Brownshill Dolmen, un dolmen megalítico situado a unos 3 kilometros de la ciudad.
Ya sabéis, si queréis disfrutar de la “irlanda profunda” sin desvincularos del todo de la modernidad, en Carlow tenéis el lugar perfecto.