Las batallas de Magh, el origen de Irlanda

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En numerosas ocasiones os hemos hablado de como la historia de Irlanda y sus orígenes se entremezclan con una serie de leyendas y episodios de la mitología que llegan a tal punto que uno no sabe qué parte es la ficción y cual la realidad. Teniendo en cuenta esto no es de extrañar que los propios orígenes sobre cómo se formó el país también tengan su propia leyenda celta.

Todo se remonta, según dicen, a las batallas de Magh Tuiredh.  Fueron dos las guerras que se registraron, sin contar con varias invasiones, en un lugar que está ubicado entre los lagos Foyle y Swilly y el río Finn, en los condados de Donegal y Londonderry.

La primera confrontación tuvo lugar cuarenta días antes del diluvio y en ella se enfrentan hijos de Noé y de Bith. Tres siglos después volvió a producirse otra batalla y resultó vencedor Partalón, quien decretó una vida ordenada en el país. Sin embargo, los enemigos fueron maldecidos y se convirtieron en monstruos de una sola pierna y un único brazo. Posteriormente también murieron los de Partalón.

Años más tarde aparece Nemhedh, que también fueron invadidos por los Fir Bholg, procedentes de Grecia. Estos son los que configuran un nuevo orden con cinco jefes que gobiernan en cinco provincias: Ulster, Connacht, Leinster, Munster y Meath. Instituyeron la monarquía en el país, siendo el último de sus reyes Eochaidh mac Eirc. Fue quien inició una época muy fértil en la que desaparecieron las falsedades y los problemas con la cosecha.

La quinta invasión fue la que derivó en la primera batalla de Magh. La fecha varía según el calendario que se tenga en cuenta: en el año 2530 Anno Mundi (desde la creación de mundo), en el año 2670 a. C. según los Anales de los Cuatro Maestros, o en el año 2071 a. C. según el calendarios de Seathrún Céitinn (Geoffrey Keating). Un guerrero de los Fir Bholg le corta el brazo a Nuadhu, un jefe del bando enemigo que, al resultar vencedor, obtiene como compensación Connacht.

Por su defecto físico no puede reinar, así que se ve obligado a ceder el trono a Bres, quien oprime al pueblo y es satirizado por los poetas de la época. Se enfrenta a Nuadhu, que vuelve a recuperar el poder. Puede reinar gracias a que su médico le construyó un brazo de plata, pero decide abdicar en favor de Lugh, un extranjero que salió victorioso de la segunda batalla.

El nuevo dirigente le perdona la vida a Bres a cambio de que le revele el secreto de la prosperidad agrícola. La diosa celta de la guerra, Morrighan, puso fin a este periodo de continuos enfrentamientos con dos profecías: una sobre el orden cósmico y la prosperidad y otra sobre el caos y el fin del mundo.

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