Una visita al Castillo Howth

En el condado Fingal está la aldea de Howth, un sitio de cuyas bellezas hemos hablado ya. Se trata de una aldea costera, originariamente aldea de pescadores, que al día de hoy se ha convertido en uno de los suburbios de Dublin.

Está sobre la península de Howth Head, península que comienza a 13 km de la capital irlandesa, del lado norte de la bahía.  Puedes llegar utilizando el DART, el sistema ferroviario suburbano, o el autobús.

La atracción más histórica de este suburbio es el Castillo Howth, la casa ancestral de la familia St. Lawrence, condes de Howth, familia que se extinguió en 1909 pero que estuvo vigente por muchos siglos, desde la ocupación normanda del siglo XII. Hoy vive aquí otra rama de la familia. Así que cuando uno llega a Howth se encuentra con un castillo que ya tiene mas de siete siglos, una estructura de piedra maciza que lleva sus propios cientos de años suplantando a una fortaleza previa construida en madera.

En realidad el castillo original estaba construido en otro sitio, más sobre las laderas que miran directamente a la aldea. Éste data del siglo XIV y responde a la intención de tener una mejor vista de la Bahía de Dublin. Si bien hoy en día alrededor del castillo hay un campo de golf originalmente había un hermoso jardín con fuentes, estanques con cisnes y bosques. Solo ha quedado el jardín de los rododendros que abre al público todos los veranos. Lamentablemente el castillo en sí mismo sigue siendo propiedad privada y sus dueños no lo abren , ni siquiera parcialmente, a los visitantes.

Eso sí, en los jardines funciona el Museo Nacional del Transporte de Irlanda y esta el Hotel Deer Park que es el que usa el campo de golf. Lo mas interesante del castillo es la leyenda que pesa sobre él: parece que en 1576 estaba la pirata Gráinne O’Malley en Dublin y quiso hacerle una visita de cortesía al barón de Howth. Pero cuando llegó se le dijo que la familia estaba cenando y le cerraron las puertas. Ofendida raptó al nieto y heredero y sólo lo liberó cuando obtuvo la promesa de que las puertas del castillo siempre estarían abiertas para visitantes inesperados y que siempre la mesa tendría un lugar reservado para ese visitante.

Foto: vía Rafalosinski

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