Leprechaun, el más travieso de los duendes irlandeses

Leprechaun

Una de las criaturas de la mitología irlandesa que más popularidad han adquirido con el tiempo es el Leprechaun o Leipreachán en irlandés, un diminuto duende que posee una manifestación material, pero también goza de poderes sobrenaturales. Se dice que habitan en Irlanda desde mucho antes de la llegada de los primeros hombres (los celtas), y que suelen manifestarse en lugares de poder, donde también habitan las tan conocidas hadas (Fairies).

A menudo estas criaturas legendarias se manifiestan bajo la apariencia de un hombre viejo vestido de verde y se dedican a gastar bromas y travesuras por doquier, cuando no están ocupados en su oficio favorito, la zapatería. En ocasiones cambian su chaqueta verde por una roja, y en la mayoría de los casos calzan zapatos adornados con gruesas hebillas y sombreros de copa alta. Su estatura está entre los 15 cm y el medio metro y algunos tienen el hábito de fumar en pipa.

También se les atribuye el ser extremadamente ricos, y en ocasiones son los guardianes de fabulosos tesoros, que guardan nada menos que en vasijas u ollas. Como dice la tradición, si atrapamos a uno de ellos con la mirada no podrá moverse, pero desde que lo perdamos de vista un segundo, se desvanecerá. Aunque en un primer momento se puedan portar de manera educada y amable, lo más probable es que nos acaben gastando algún tipo de trastada, y si en alguna ocasión comparten su oro con nosotros, es mejor gastarlo pronto, ya que no tardará mucho en convertirse en polvo y cenizas.

El más extendido de los relatos sobre los Leprechauns proviene de principios del siglo XX, cuando uno de ellos fue sorprendido contando su oro por un granjero. El hombre, sin perder tiempo lo atrapó e interrogó para que el pequeño ser le revelase dónde escondía el resto de sus riquezas, a lo cual el Leprechaun accedió con tal de recuperar su libertad, diciéndole que estaba bajo un arbusto cercano. El granjero, conocedor de los ardides de estas criaturas se dispuso a buscar el tesoro sin soltar a su diminuto preso, pero, al ver que había muchos arbustos iguales y sin tener una pala con la que cavar, decidió marcar con uno de sus calcetines lugar indicado.

Cuando el granjero volvía a su casa a por una pala, el Leprechaun le pidió ser liberado alegando que ya sabía donde buscar, a lo que el granjero accedió, no sin antes hacerle prometer que no cambiaría de sitio el tesoro ni quitaría el calcetín. Y el pequeño ser cumplió esta palabra, pero no del todo, ya que cuando el granjero llegó al lugar, se encontró cientos de calcetines rojos iguales, uno sobre cada arbusto del lugar.

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Categorias: Cultura y tradiciones


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