Bob Doyle, el incansable combatiente

Nacido en 1916 en la ciudad de Dublín, Robert Doyle vino al mundo al tiempo que se producía en el llamado Alzamiento Popular de Pascua, un movimiento contra el dominio británico sobre Irlanda. Su familia tuvo que sufrir la pobreza y la hambruna de aquellos años, que fue empeorando hasta alcanzar su punto culminante en los años 30. En este ambiente de desesperación y luchas populares contra la injusticia, se fue forjando el carácter de un hombre que nunca abandonaría sus ideales. La lección que aprendió fue que era necesario luchar por conseguir sus derechos, unos derechos que debían ser innegables a toda persona.

Su actitud luchadora pronto le llevó a combatir el creciente fascismo que prosperaba por toda Europa, y que parecía querer establecerse también en Irlanda. En la década de los 30 se alistó a las filas de IRA, lo que propició que unos “camisas azules” le propinasen tal paliza que perdió su ojo izquierdo. Desde entonces, llevó siempre un parche negro, que se convirtió en una parte fundamental de su imagen por el resto de sus días.

Durante la Guerra Civil, e impulsado por la injusta muerte de su amigo Kit Conway, Bob Doyle se enroló como voluntario en las Brigadas Internacionales, que pretendían marchar a España a luchar contra los regímenes fascistas, y a favor de la república. Expulsado en un primer momento de España cuando trataba de entrar como polizón en un barco, Doyle no se rindió y volvió al territorio español poco tiempo después, esta vez atravesando los Pirineos.

Pese a que su puesto como entrenador de voluntarios se le daba bien, debido a su anterior experiencia como miembro del IRA, pronto abandonó su puesto y pasó a luchar en el frente, aun en contra de las órdenes de sus superiores. Hecho prisionero durante la batalla de Belchite, Doyle pasó cerca de 11 meses preso de los Flechas Negras, las tropas fascistas italianas, sufriendo durante este tiempo las torturas e interrogatorios de sus captores. Aunque quiso el destino o la suerte que no fuera elegido para pasar por el pelotón de fusilamiento, y fue liberado durante un intercambio de presos. Incansable, Bob Doyle pasó a engrosar las filas de la marina británica durante la Segunda Guerra Mundial, siempre con el objetivo de acabar con el fascismo.

Tras la guerra, se retiró a vivir a Londres, donde fallecería en paz a los 92 años de edad, el 22 de Enero del 2009.

Foto vía: Plastic Jesus

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