Man of Aran, la cara más agreste de Irlanda

Man of Aran

Irlanda es una gran isla con una serie de pequeños archipiélagos a su alrededor. Uno de ellos, situado al suroeste, está formado por las islas Aran, que constituyen uno de los rincones más agrestes y sorprendentes del país. Así lo intuyó ya el norteamericano Robert Flaherty, que en 1934 filmó en ellas uno de los grandes documentales de ficción de todos los tiempos, Man of Aran.

Flaherty se basó para ello en la historia de un núcleo familiar concreto para transmitir al espectador la dureza del trabajo en el mar. Su mirada no es etnográfica ni analítica, sino fundamentalmente artística. Así, no plasma la vida cotidiana de esos hombres y mujeres, sino una lucha épica entre el hombre y el mar.

Por otro lado, las islas Aran tenían en ese momento, como siguen todavía en parte teniendo, una veta de primitivismo, de lo que queda de un tiempo más duro pero quizás también más puro. De ahí la fascinación que su filme ejerció en un Occidente cada vez más industralizado.

Cierto es que el deseo de Flaherty por hacer un producto comercial conllevó trampas para el espectador, como el elegir a los personajes por su fotogenia y no por ser una familia real de Aran, o la recreación de ciertas escenas como la espectacular caza del tiburón, etc. En este sentido, los aportes etnográficos como tales son reducidos: difícilmente podemos conocer a través de esta película cómo era la vida real de los hombres y mujeres de Aran en los años treinta, más allá de datos genéricos como su dedicación a la pesca o el tipo de ropa que por entonces vestían y los aparejos que empleaban.

No obstante, Man of Aran tiene la virtud de hacernos sentir la épica de la lucha diaria de los individuos para ganarse el sustento, haciendo que sintamos atracción por su fuerza y su modo de vida.

Es también una buena oportunidad para comenzar, por medio de la ficción, un acercamiento a esta zona tan peculiar de Irlanda: un acercamiento que luego podremos complementar con obras de carácter más informativo o, mejor aún, acercándonos directamente a las islas Aran para comprobar si su magia sigue presente como cuando Flaherty las filmó.

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