Torr Head y la Ruta Costera de Causeway

Torr Head

Mis ojos avistan la bruma que desprende la lluvia en Torr Head. El cielo gris se proyecta sobre la Ruta Costera de Causeway. El mar, agitado, ruidoso, inquieto, separa Irlanda del Norte de Escocia. Con el coche tomamos cuesta abajo hacia las ruinas de las casas de los guardacostas. Desde el aparcamiento miramos hacia el horizonte, intentando responder a la señal de algún faro en la distancia.

Torr Head fue usado durante años como observatorio privilegiado para el tráfico marítimo del Canal del Norte. El edificio, junto con las casas de los trabajadores, fue abandonado sobre 1920. Hoy en día, este lugar es un destino especial para los amantes de las aventuras, que desafían la carretera intransitable que delimita la Ruta Costera del Causeway. Para muchos, no es menos complicada que el tráfico intenso de Belfast.

La lluvia era mi única compañía, y junots queríamos recorrer esta tierra, surcada por cinco siglos de historia. En Carrickfergus vimos las ventanas del castillo normando construido en 1180 por Juan de Courcy. Después, kilómetros y kilómetros de paisajes tan iguales y tan diferentes nos llevan a Carnlough. Me detuve justo enfrente de su puerto deportivo. Creo que estaba delante del origen de los colores.

En este pueblo, de apenas 1.500 habitantes, Winston Churchill compró el Londonderry Arms Hotel, construido en 1848, y que todavía funciona, con sus 35 habitaciones. Este hotel es ideal para alojarnos y descubrir los atractivos de la zona, como la cascada de Glenariff y los bosques del Parque Forestal.

Elegí el camino y la lluvia, y continué hasta Cushendun, en la desembocadura del río Dun. Para subir a Torr tuve que preguntar a algunos de los aldeanos, de origen escocés. Todos me indicaron que hacia arriba… Subí las colinas, que rápidamente me dieron las maravillosas vistas de los acantilados. Vértigo, el mar azotado por el viento, el rizo de las grandes olas y una niebla de color y lluvia en la retina.

En el camino me encontré con varios rebaños de ovejas, junto con máquinas agrícolas que venían en sentido contrario, y a las que había que ir esquivando. Y entonces, después de un contínuo subir y bajar, llegué por fin. Une enorme franja de tierra desde la que, en los días soleados, se puede ver la península de Kintyre, en la región escocesa de Argyll.

Ahí estaba Torr, la roca, una de las zonas más antiguas de la tierra. El cielo parecía venirse sobre mí. En los ojos ya no sabía si era la tenaz lluvia o las lágrimas de emoción que me embargaban. El silencio de la historia y el tiempo se fundieron con el gris del horizonte. Torr Head…

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