Cómo servir una buena pinta de Guinness

tres vasos de Guinness en distintas fases de reposo

Los irlandeses han convertido la Guinness es un sello de identidad propio y en uno de sus mayores referentes fuera del país. Basta echar un vistazo a las tiendas de souvenires en las que buena parte de los stands están ocupados por productos de merchandising relacionados con la cerveza de Dublín.

Entorno a esta mítica bebida y todo lo que la rodea se ha generado toda una cultura que merece la pena destacar y que, además, llama la atención de quienes la desconocen.

Mejor que decir que existe una cultura podríamos hablar de un ritual en lo relacionado con la Guinness. A ellos se une el misterioso ingrediente extra que lleva esta cerveza y que le da cierto toque diferente al resto de negras, incluso las que se producen en su mismo país. Sólo lo conocen en su fábrica de Dublín. Y dado que allí se consume la mitad de la producción mundial de la Guinness deben ser más que conscientes acerca de su sabor especial.

Y para comprobarlo nada mejor en vuestra estancia en Dublín que ir a un pub en el que seguir con todo detalle el proceso de servir una pinta de Guinness. Uno puede pedirse media pinta, es cierto, pero probablemente el camarero os mire con cara rara, así que mejor no tentar a la suerte. En cuanto coja el vaso, que debe estar frío y seco, fijaros con detalle en lo que hace. Para los que vemos esto como una novedad nos produce fascinación, aunque lo cierto es que a los irlandeses les da prácticamente igual, porque están acostumbrados.

En España los camareros tiran las cañas de un modo más sencillo. Es cierto que algunos inclinan el vaso, pero pocos le prestan mucho más detalle. En Irlanda comienzan por inclinar el vaso 45º grados. Tienen una precisión tal que si lo midiéramos seguro que el ángulo sería prácticamente perfecto. Abren el grifo y dejan caer ese líquido negro hasta alcanzar las tres cuartas partes del vaso.

Posteriormente veréis que posan el vaso en la barra, y no porque lo hayan llenado, sino porque tienen que dejarlo reposar. Si os fijáis el líquido de su interior no es negro, más bien tiene un color tostado. Es por la cebada que empieza a ascender y coge el tono más oscuro. Después el camarero rellena el vaso, dejando un poco de espacio. Veréis que en apenas unos segundos el líquido llega hasta el extremo del vaso, con un par de centímetros de blanca y deliciosa espuma.

Foto Vía Noelia Rodríguez

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